La importancia de la sencillez.

Por estos días estoy en el campo de Piedecuesta, donde construiremos las cabañas para los retiros matrimoniales. Estoy concentrado en la escritura de nuestro curso sobre todo lo que tiene que ver con la infidelidad.

Hay una vieja casa hecha de barro que mi esposa, Yasmith, ha decidido decorar con los personajes de la película de Encanto. Esto debido a que vienen nuestros nietos y queremos pasar un tiempo en familia.

Frente a la casa hay un jardín con flores muy hermosas que Yasmith sembró hace unos días. Revolotean todo el día un sinnúmero de pájaros de todos los colores. Los colibríes son nuestros preferidos.

La historia del colibrí.

Un pequeño colibrí, por error de cálculo o quizá por el colorido de la casa, terminó volando en la sala. Volaba por lo alto del techo buscando una salida que lo llevara de nuevo al jardín. Yo observaba desde la mesa en donde estaba escribiendo. El pobre pájaro estaba agotando sus fuerzas volando hacia arriba y por más que la luz que ingresaba por la puerta era intensa, él no quería descender el metro de distancia que separaba el techo de la salida a su libertad.

Los colibríes, cuando se creen en peligro, no vuelan hacia abajo. Esto lo leí luego en Internet buscando por qué nuestro pequeño amigo alado no había tomado la salida que estaba un metro abajo.

Devocional, el dilema del colibrí

A los seres humanos nos falta sencillez.

Igual que los seres humanos, cuando estamos necesitados, urgidos o asustados, siempre miramos hacia arriba. Y cuando digo «hacia arriba» no me refiero a Dios (ojalá siempre fuera así), sino a la persona que está más arriba en cualquier escalafón: el familiar que tiene más plata, o una mejor posición, en la entidad bancaria, en el tío que con una recomendación nos facilite el acceso al trabajo, o en los jefes superiores. Igual que los colibríes, no queremos descender un poco el vuelo y mirar hacia la luz que está abajo, en las cosas sencillas, en el humilde familiar al que consideramos que poco nos puede aportar, en el consejo del vecino, en el favor del humilde amigo.

Reflexión sobre el colibrí.

A Dios le gusta que el ser humano sea sencillo, busque y aprenda a escuchar. Si ese colibrí hubiera escuchado el suave silbido del viento que ingresaba un metro abajo, si hubiera visto esa la luz intensa de la puerta, si con humildad hubiera bajado en su mecánico vuelo, había salido mucho antes del percance.

Tuve que esperar a que se cansara. Cuando ya agotó sus fuerzas y no pudo escapar de mis manos, lo tomé y lo llevé hasta el jardín, donde subido en un árbol esperó recuperarse un poco y emprender de nuevo el vuelo.

Y así, en la vida hay mucha gente cansada revoloteando hacia el techo intentando en el esfuerzo de su infructuoso vuelo encontrar la salida que se encuentra solo un metro abajo.

Hoy, mira hacia abajo. Quizá la solución al problema que te tiene pegado al techo revoloteando está muy cerca, donde se siente el viento y donde emana una hermosa luz. Solo debes bajar la cabeza y tomarla.

Versículo para hoy:

Mateo 5:23

Dichosos los pobres en espíritu,
    porque el reino de los cielos les pertenece.

Oración pidiéndole a Dios sencillez para la vida:

Padre Amado, a veces en mi afán de vivir mi vida a mi manera, creyendo que todo lo debo resolver por mis propios medios, me olvido de las cosas sencillas con las que también rodeas mi vida.

Me he olvidado que Tú también hablas a través de la sencillez de las personas; que todos tenemos un valor apreciable y en cualquier momento podemos aportar a la vida de las demás.

Te doy gracias por todos mis familiares que a veces considero no son tan importantes en la escala de mis valores, gracias por esos amigos que siempre están ahí para brindarnos su mano, te doy gracias por los asuntos sencillos que nos rodean. Te pido que Tú Espíritu Santo me guíe a decidir por las soluciones que Él me propone a pesar que yo las vea tan sencillas y simples.

Ayuda a estos actos de fe que debo tener en la vida, ayuda a mi defecto de querer resolverlo todo siempre de la manera complicada, y hoy dame una actitud humilde y confiada para las decisiones que debo tomar.

Lo pido en el Nombre de Jesús.

Amén.

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