Las esposas, el fútbol y otros conflictos. (Devocional para hombres)

Esposas fútbol y otros conflictos

A los hombres se nos llama «seres poco sociales». Se dice que no somos como las mujeres quienes pueden entablar una amena conversación en un autobús o en la fila de un supermercado con otras féminas que recién acaban de conocer. Nos cuesta si quiera hilar una conversación de más de dos minutos cuando nos presentan a otro hombre en una reunión familiar; hasta, y ojo con este “hasta”, hasta que nos une comúnmente como por arte de magia un partido de fútbol.

La «magia» del fútbol en la vida de un hombre.

Ponga atención al ejemplo que les voy a dar porque muy seguramente usted, querida mujer, lo ha visto, o usted querido hombre lo ha hecho sin detenerse a pensar en este particular rasgo que tenemos la mayoría de los hombres.

¿Los hombres no tenemos capacidad de conectarnos con otros hombres? Solo permítanos pasar por frente a un inmenso televisor puesto en un aparador de un centro comercial donde como estrategia publicitaria, enganche comercial, irresistible imán masculino, se ha puesto en directo un trascendental partido de fútbol.

En solo cinco minutos, todo hombre que transite por aquel lugar no importando la atiborrada aglomeración se apostará frente a la pantalla olvidando lo que venía a hacer. No importa si está en el centro comercial para comprar el medicamento de su moribunda madre que lo necesita con ansiedad para no terminar agonizando en medio de dolorosas convulsiones, o si fue urgentemente a comprar la leche en polvo que su pequeño bebé que no para de llorar en casa necesita con urgencia para nutrirse. No. Todo pierde importancia, la noción del tiempo se pierde, él no sabe a qué fue, ni que necesita, ni quién es, si es un ser vivo, un animal o un objeto, él solo ve 22 jugadores, dos camisetas y un balón que va de lado a lado intentando colarse en alguna de las porterías.

Le han acusado de ser poco social, en la familia, y gracias a que nació en Villavicencio* lo conocen como: “El llanero solitario”, no se junta con nadie, no habla, parece “el retrato perfecto” porque “Nada más le falta hablar”; pero lo pones frente a un televisor viendo un partido y se vuelve el más intenso comunicador, habla con el hombre de al lado, comenta con el del frente, corrige al de atrás, los invita a gritar las aproximaciones y no le faltan ganas de proponer una “ola”*.

Es que los hombres cuando estamos ahí, en medio del paroxismo deportivo no necesitamos nada más que coincidir con los gustos para hacer entrañables y momentáneos amigos a los que no dudaríamos en abrazar, chocar las manos, prestarles plata o hasta servirles de fiador ¡Eso hace el fútbol!

Pero eso si, al terminar el partido, cada uno de esos eufóricos y amistosos hombres vuelven a su estado natural, al gélido contacto visual con los demás habitantes del globo terráqueo. Todos se dan vuelta para seguir con sus mutantes vidas masculinas, nadie se despidió, no se pidieron el teléfono, nadie conoció el nombre de nadie; al volver a su estado natural la cabeza les vuelve al mismo lugar para hacer un ingente esfuerzo de recordar a qué iban al centro comercial, recobrar la urgencia del medicamento y preparar la disculpa por la demora.

Eso, queridas mujeres, eso es el mundo de los hombres, el mundo del marido que usted tiene.

Todo esto lo digo, lo escribo, para mostrarles queridos hombres que cuando algo nos interesa le ponemos todo el interés que podemos.

A veces nos quejamos de las demandas que nos hacen las esposas en la casa, huimos de todo aquello que suscite esfuerzo, y máxime cuando ése algo que pide nuestra abnegada mujer nos saca de nuestra zona de confort. 

¿Cuántas veces has dicho “no tengo tiempo” a tu esposa últimamente? La verdad querido amigo, uno siempre tiene tiempo para las cosas que le interesan. Si tratáramos los asuntos de nuestro matrimonio con la misma intensidad de ese partido de fútbol dos horas haciendo algo para beneficiar a nuestra esposa se pasarían volando tanto como las dos horas de la final de la Champions.

Mensaje importante para la familia
José Ordóñez dice: «Uno siempre tiene tiempo para las cosas que le interesan. Tenga tiempo para la familia.

Si nuestra correlación con los asuntos de nuestros hijos tuvieran esa misma intensidad del pasillo en el centro comercial los hijos jamás se quejarían de la poca atención paternal. Seamos sinceros, ¡Nos falta más compromiso!

Aprendamos algo de nuestra afición al fútbol

El apóstol Pablo en la carta a los Efesios bajo la inspiración del Espíritu Santo hace un mandato a los hombres que a mi me parece una importante recomendación que puesta en práctica todos los días nos regala una deliciosa armonía matrimonial:

“Amen a su esposa como a sí mismos”

Efesios  5: 28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo.

(versión NVI)

Eso quiere decir que las cosas de mi esposa deben ser tan importantes como la mías. Voy un poquito más lejos, en verdad, si la amo tanto, sus cosas deben ser más importantes que las mías ya que el verdadero amor no busca lo suyo (1a Corintios 13). Piensen en eso.

No puedo seguir escribiendo, tengo que abandonar este trabajo porque mi esposa acaba de prender el televisor y me pareció que estaban dando la alineación del Atlético Bucaramanga, Dios los ben…

José Ordóñez Búcaro

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