Regar a última hora no basta.

Disfruta de este devocional que contiene una pequeña historia de nuestro matrimonio y que he decidido titular: Regar a última hora no basta. No olvides compartirlo con matrimonios que probablemente puedan estar en crisis.

El cuidado de una orquídea.

Yasmith se había ausentado por algunos días; no recuerdo exactamente el motivo, pero seguramente tendría que ver con asistir a nuestra hija en sus nuevas responsabilidades maternales, ya que acababa de dar la bienvenida a la primera de nuestras nietas. Antes de partir, me dejó al cuidado de una pequeña planta de orquídeas, la misma que le había obsequiado recientemente. Sus instrucciones fueron sencillas: “Riégala cada día con un poco de agua por la mañana”.

Transcurridos ocho días, mientras me disponía a organizar todo para recoger a Yasmith del aeropuerto al día siguiente, mi mirada cayó sobre la desdichada orquídea. Estaba lacia, desprovista de pétalos y sus escasas hojas pendían amarillentas. En un impulso típico de esposo olvidadizo, la inundé de agua, esperando revertir en minutos la desatención de una semana.

Contrario a mis expectativas, al amanecer, me encontré con la planta aún más mustia, definitivamente muerta y ahogada por el exceso de mi tardío arrepentimiento.

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Aplicación para la vida diaria.

Así sucede en muchos matrimonios: terminan marchitándose, desembocando en divorcio, a menudo porque los cónyuges no se esmeran en cuidarlos diariamente, en nutrirlos constante y adecuadamente como Dios nos lo manda.

Es común ver parejas que acuden a consejería buscando rescate cuando la relación ya agoniza. Reaccionan, es cierto, pero para algunos es demasiado tarde; las repentinas y abundantes muestras de afecto no son suficientes.

No permitas que esto suceda en tu relación. Hoy es el día para enriquecer tu matrimonio con pequeños gestos, con actos de perdón, con momentos de calidad y con todo aquello que, pacíficamente, el Espíritu Santo te inspira a realizar.

Versículo del día:

Efesios 5:28-29 (NVI)
28 «Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. 29 Pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia.»

Oración por mi matrimonio:

Amado Señor, concédeme la sabiduría para cultivar mi matrimonio con esos detalles que tu Palabra encomienda. No quiero un vínculo débil y desnutrido, sino disfrutar de esa maravillosa unión que Tú has establecido para toda la vida.

Instrúyeme en la manera de cuidar y atesorar a la persona que amo. Que con el tiempo, nuestro hogar se cimiente en la Roca eterna que eres Tú. Me comprometo a poner en práctica tus enseñanzas, buscando la sabiduría y la comprensión necesarias. Sosténme cuando flaqueen mis fuerzas en este empeño.

Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

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¿Por qué vale la pena luchar por el matrimonio?:

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