¿Deben los cristianos participar en política?

Un tema que polariza a las personas más de lo que te imaginas. Mora este estudio para encontrar entendimiento en época de elecciones.

¿Deben los cristianos participar en política?

La pregunta nos ronda la cabeza a todos los cristianos justo cuando se acercan las elecciones: ¿Deben los cristianos participar en política? ¿Está bien que mi pastor me indique el candidato por el que debo votar? ¿Solo debo votar por candidatos cristianos? ¿Está bien que mi iglesia muestre abiertamente su afiliación política?

Podría agrandar esa lista de preguntas que nos hacemos los cristianos en épocas electorales, pero la pregunta central sigue siendo esta: ¿debemos participar activamente en la política?

¿Deben los cristianos participar en política?

Decisiones concretas de los cristianos en la política

Definitivamente sí, debemos participar en los asuntos políticos. Y definitivamente no, si participar en asuntos políticos nos aleja del más grande llamado que hemos recibido los cristianos: la Gran Comisión.

«Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.»

Mateo 28:19-20 (NVI)

La política puede ser un espacio de servicio, influencia y responsabilidad ciudadana. Pero nunca debe ocupar el lugar del evangelio ni desplazar la misión principal de la iglesia.

La forma correcta de los cristianos en la política

Mi pastor Darío Silva Silva tiene una frase que me encanta: “Hay que cristianizar la política sin politizar el cristianismo”.

Y es verdad. El llamado no es a convertir la iglesia en una sede política, sino a hacer que todo el sistema político de la sociedad conozca de Cristo.

Solo así la política puede acercarse a su verdadero objetivo: legislar leyes justas para la gente, con la transparencia que dicho trabajo amerita y demanda.

Tres formas distintas de participar

Para no confundir el tema, debemos distinguir tres figuras importantes: el cristiano como ciudadano, el pastor como siervo del evangelio y el político cristiano como profesional llamado a servir desde su área de influencia.

1. El cristiano como ciudadano

El cristiano puede y debe participar responsablemente en la vida pública. Votar, informarse, estudiar propuestas, orar por las autoridades y procurar el bien común son acciones legítimas para un creyente.

Pero esa participación debe hacerse con discernimiento, sin fanatismo partidista y sin olvidar que nuestra esperanza final no está en un candidato, sino en Cristo.

2. El pastor y el púlpito

¿Deberían los pastores abandonar el púlpito y dedicarse a la política? Definitivamente no.

El más grande llamado que recibe el ser humano es servir y seguir a su Salvador. Cualquier otro objetivo, una vez alguien ha conocido a Cristo y ha recibido el llamado a servirle desde el pastorado, es secundario y complementario.

La sociedad no necesita tanto la política como el evangelio.

  • La política intenta cambiar el estrato social de las personas; el evangelio cambia el corazón del individuo independientemente del estrato social en que se encuentre.
  • La política está limitada a beneficiar una vida pasajera; el evangelio de Jesús garantiza la eternidad.
  • La política es cambiante, depende de gobernantes que continuamente se quitan y se ponen; el evangelio siempre ha tenido una sola voz, un solo gobierno y un solo Gobernante.
  • Las leyes y ordenanzas de la política cambian a medida que la tendencia política en el poder las modifica; el evangelio no cambia sus leyes ni sus ordenanzas.
  • Las leyes derivadas de la política cambian a gusto y demanda de cada generación. Con el pasar del tiempo se vuelven ambiguas e inoperantes; el evangelio es el mismo ayer, hoy y siempre, porque está diseñado para gobernar por la eternidad.

Por lo anterior, abandonar el supremo llamado a servir a Dios para dedicarse a la política es menospreciar el verdadero alcance del trabajo al que hemos sido llamados.

3. El político cristiano

¿Entonces no debería haber candidatos en las iglesias? Definitivamente sí puede haberlos.

Como ocurre con cualquier otra actividad que desarrollan los asistentes a las iglesias, también debería haber profesionales de la política que, al decidir seguir a Cristo, pongan desde su área de influencia todo su conocimiento para implantar principios del evangelio.

Allí es donde el pastor cumple su importante misión: pastorear el corazón del político, ayudándolo y orientándolo para que cumpla y establezca los principios del Reino de Dios en la tierra.

La iglesia como fortín político

En muchos países de América Latina ya se habla del llamado “voto evangélico” o del “voto de las iglesias cristianas”. Los partidos políticos conocen el importante, y a veces decisivo, apoyo que representa un grupo de personas que generalmente escucha y acata las recomendaciones de su pastor.

“Nadie más juicioso que un cristiano para obedecer a su pastor en la urna”, le escuché decir a un político en un comentario lacónico que hizo fuera de cámaras.

Pregunto: ¿Y si mejor nos vieran como un fortín de valores morales y buenas conductas? ¿Y si nuestro fortín fuera que, a través de nuestro trabajo, el barrio donde está establecida nuestra iglesia nos conociera por las prácticas que Jesús nos enseñó?

¿No crees que eso sería más grande que la miserable mención que hacen los políticos de nosotros cuando nos llaman “fortines políticos”?

Profetizar sobre los candidatos: ¿buena práctica?

Sentí repulsión cuando, en días pasados, un muchacho —no sé si era pastor— ponía la mano sobre la cabeza de un candidato a la presidencia y lo profetizaba como futuro gobernante de nuestro país.

Nada hace la supuesta profecía de un pseudo pastor, pues no tiene potestad para eso. Es Dios quien decide quién se sentará a gobernar.

Leámoslo claramente en la Palabra de Dios:

«Él cambia los tiempos y las épocas; pone y depone reyes.»

Daniel 2:21 (NVI)

«Para que todos los vivientes reconozcan que el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos humanos, y que se los entrega a quien él quiere.»

Daniel 4:17 (NVI)

La religión y la política

Siempre se ha dicho que la religión y la política no se mezclan, pero siempre han estado mezcladas.

De esa mezcla han salido experiencias muy dolorosas, como la misma muerte de Cristo, las guerras religiosas y las cruzadas. Aunque también han salido experiencias buenas, como presidentes temerosos de Dios que hicieron mucho bien en sus gobiernos.

¿Qué debemos pensar los cristianos en las elecciones?

Lo que Dios se ha propuesto que pase, pasará.

Así que, si estás preocupado porque tu candidato pierda y quedemos en manos de alguien que, según nuestra limitada opinión, irá en contra de los cristianos, no te preocupes: al día siguiente de las elecciones, cuando te levantes, Dios seguirá siendo Dios y mantendrá el control sobre todas las cosas.

«Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos.»

Daniel 4:35 (NVI)

Señor, venga tu Reino.

Errores que debemos evitar

  • Creer que un partido político puede salvar una nación.
  • Confundir el Reino de Dios con una ideología humana.
  • Convertir el púlpito en una tarima electoral.
  • Presionar a los creyentes para votar por un candidato específico.
  • Profetizar victorias electorales en nombre de Dios sin temor ni reverencia.
  • Idolatrar a un candidato hasta perder la paz, la prudencia y el amor cristiano.
  • Dejar de predicar el evangelio por hacer campaña política.

Evangélicos en la política

Siempre que haya elecciones, es tu deber como cristiano participar con tu voto. Pero pídele a Dios que te dé discernimiento.

Estudia bien las propuestas de cada candidato y mira cuál de todos ellos tiene el programa más cercano a cumplir los principios que acompañan a los cristianos.

No votes por emoción, por manipulación, por presión de grupo ni por fanatismo. Vota con oración, conciencia, información y responsabilidad delante de Dios.

Escucha este mensaje sobre la política y los cristianos

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