En este devocional titulado "No importa lo que digan los demás", quiero invitarte a poner la opinión ajena en el lugar que realmente le corresponde. Tu mayor preocupación siempre debe ser agradar a Dios. Las demás opiniones pueden tener algún valor, pero nunca serán las más importantes para tu vida.
Versículo para hoy
Salmos 3:1-4 (NVI)
1 Muchos son, Señor, mis enemigos; muchos son los que se me oponen.
2 Muchos son los que de mí aseguran: "Dios no lo salvará."
3 Pero tú, Señor, eres el escudo que me protege; tú eres mi gloria; tú mantienes en alto mi cabeza.
4 Clamo al Señor a voz en cuello y desde su monte santo él me responde.
No prestes tu oído a quien no debes
A veces estamos demasiado ocupados escuchando la opinión de los demás y terminamos actuando según ese parecer.
Es un error. Muchas personas solo tienen pronósticos negativos acerca de nuestra vida.
Quizá has escuchado frases como: "¡De esta no lo salva ni Dios!"
Están equivocados.
Dios siempre está dispuesto a salvarte, responderte, restaurarte y levantarte, siempre que tu confianza y tu obediencia permanezcan en Él.
No podemos acudir a Dios únicamente cuando todo está perdido y esperar Su ayuda sin estar dispuestos a someternos a Sus principios. La obediencia sigue siendo el camino de la bendición.
¿Cómo hacer para que Dios me proteja?
Cuando las personas anuncian derrota sobre tu vida, recuerda estas recomendaciones:
- No prestes atención a quien pronuncie sentencias sobre tu futuro.
- Lee la Biblia y recuerda las promesas de protección que Dios tiene para Sus hijos.
- Concéntrate en lo que Dios dice y no en lo que los demás opinan.
- Cambia el tema cuando alguien quiera alimentar el desánimo.
- Si es necesario, toma distancia de quienes solo viven juzgando tu vida.
- Rodéate de personas maduras que aporten sabiduría, esperanza y soluciones.
- Espera en Dios; Él siempre responde al clamor de Sus hijos.
- Si te falta sabiduría, arrodíllate y pídela en oración.
Oración por una respuesta de Dios
Padre amado, muchas personas creen tener derecho a juzgar mi situación y a pronosticar fracaso sobre mi vida.
Dicen que Tú no me responderás porque merezco Tu silencio y Tu juicio.
Reconozco que no soy perfecto. Sé que muchas de mis dificultades son consecuencia de mis propios errores.
Pero también sé que Tu Palabra me presenta a un Dios misericordioso, dispuesto a perdonar, restaurar y levantar al que se humilla delante de Ti.
Hoy acudo a Tu presencia para pedirte ayuda.
Levanta mi cabeza, fortalece mi fe y enséñame a escuchar más Tu voz que la de quienes anuncian derrota.
Gracias porque eres mi escudo, mi proveedor y mi esperanza.
Descanso en la tranquilidad de saber que Tú escuchas mi oración.
La hago en el nombre de Jesús.
Amén.
Escucha el Salmo 91
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