Niños peleando. ¿Qué debo hacer?
¿No sabes qué hacer porque tus hijos pelean todo el tiempo? ¿Cuál debe ser nuestra postura ante las diferencias que tienen nuestros hijos conforme crecen? ¿Debemos intervenir en los asuntos problemáticos de nuestros hijos? ¿Qué dice la Biblia sobre las peleas entre hermanos? Lee este artículo titulado: Mis hijos pelean todo el tiempo. ¿Qué hago?
Principio #1
Las amenazas para que los hijos no se peleen no sirven.
¿Recuerdas lo que le pasaba a los padres de antes con nuestros conflictos? Andaban detrás de nosotros intentando evitarnos los conflictos con nuestros hermanos. “No se peleen”, continuamente decía mamá con mucho desespero; la pobre ya mucho tenía con sus problemas para tener que aguantar las diferencias entre sus chillones hijos.
Ningún hijo dejó de pelearse luego que la mamá gritó desesperada: “¡Dejen de pelearse!” A renglón seguido peleábamos más bajito o nos íbamos a seguir el “match” a otro lado, pero rara vez dejábamos la confrontación solo porque mamá nos lo intentara imponer.
Ahí aparecían los golpes socarrados entre hermanos, los pellizcos dados a escondidas que generalmente terminaban con el llanto estridente del hermano menor o la hermana chillona de la casa, que sabía que su estruendoso alarido haría que mamá apareciera desesperada en busca de un culpable y probablemente con una varita en la mano, en el mejor de los casos.
Para recordar
Gritar “¡no peleen!” puede detener el ruido por un momento, pero no enseña a resolver conflictos. Los hijos necesitan formación, no solo interrupción.
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Principio #2
Mis hijos crecieron y sus conflictos también.
Con esto nuestros padres no lograban absolutamente nada; no resolvíamos conflictos. Llegamos a la adolescencia, pasamos la juventud y llegamos a la época de adultos sin habernos dado cuenta de que como hermanos sí teníamos derecho a tener nuestras diferencias, solo que debíamos haber aprendido a solucionarlas de la manera adecuada.
Principio bíblico
Los padres de antes no leían Biblia.
Debemos reconocer, en favor de nuestros padres y abuelos, que ellos fueron generación no bíblica. Tu mamita no leyó Biblia; si la hubiera leído habría aprendido que los hermanos, como todos los demás seres sobre la tierra que viven en comunidad, tienen derecho a enojarse, pero no a pecar. Mira lo que dice Dios en su Palabra:
«Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol.
Ahí está la clave para tener diferencias con todos los demás seres de la tierra. Nos podemos enojar, pero entendiendo que nuestro enojo no puede ser un vacante para pelear.
Principio #3
Resolver cuanto antes el conflicto:
¿Te diste cuenta de que ese versículo tiene una medida de tiempo? “No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol” nos recomienda hacerlo cuanto antes. Quizá de niños no nos costaba mucho volver a nuestro estado natural de “buenos hermanos amorosos”, porque los niños tienen esa maravillosa facultad de amistarse rápidamente, pero este mandato del versículo que hemos leído está para que lo pongamos en práctica en todas las etapas de nuestra vida. Así que, siendo adultos, debemos con presteza buscar solucionar las diferencias con nuestros hermanos.
¿Cómo ponerlo en práctica?
Enseña a tus hijos que estar enojados no es pecado, pero usar el enojo para herir, insultar, humillar o golpear sí necesita corrección inmediata.
Guía práctica
Niños peleando todo el tiempo, ¿qué hago?
Elaboré una pequeña lista que te orienta acerca de lo que debes hacer cuando tus hijos se trenzan en discusiones, peleas y pleitos que amenazan la paz y la buena convivencia del hogar.
- No intervengas en sus problemas excepto si las conductas se exceden.
- No permitas palabras descalificadoras entre ellos o agresiones físicas.
- No tengas hijos preferidos porque esto aumenta los celos entre hermanos.
- Ten un arbitraje imparcial.
- Escucha ambas partes, tómate el tiempo para eso.
- Propón soluciones, deja que ellos las decidan, no las impongas a menos que sea estrictamente necesario.
- Enséñales que alterar la convivencia familiar siempre traerá consecuencias de tristeza y preocupación para papá y mamá, porque a ningún padre le gusta ser testigo de las discusiones entre hermanos.
- Si te es fácilmente identificable la parte agresora y la agredida, direcciona un diálogo para que quien ha cometido la falta pida perdón.
- Enséñale al hijo “agresor” a restituir el daño que causó. Si no lo hace, habla con el hijo o hija luego a solas.
Pacificación
Las familias deben tener pacificadores.
La paz no es solo un tema mundial; es un tema, primero, personal, del interior de cada corazón; segundo, de convivencia familiar; y luego sí, de aplicación con las amistades y demás personas con las que convivimos.
Mateo 5:9
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Ahora sí disfruta de este audio podcast que te enseña un poco más acerca de este importante tema familiar.
En resumen
Los hermanos tienen derecho a tener diferencias, pero no a destruirse con ellas. Como padres, nuestra tarea no es apagar cada discusión con amenazas, sino enseñarles a reconocer el enojo, ponerle límites, pedir perdón, restituir el daño y aprender a vivir como pacificadores dentro de la casa.