Parte de los beneficios que tenemos al tomarnos un tiempo con Dios en las mañanas es que reflexionamos en lo malo que hicimos ayer.
A mí me gusta abrir los ojos y que mi primer pensamiento sea darle gracias a Dios por el nuevo día que me está permitiendo vivir.
Generalmente, Yasmith está ahí, a mi lado, durmiendo plácidamente mientras la almohada le hace un nuevo peinado cada mañana. Le doy gracias a Dios por ella, por los retos que tengo en el nuevo día y, luego de algunos momentos, viene esa otra parte que poco me gusta: recordar lo sucedido ayer, concentrarme en las cosas que hice mal y pedirle perdón a Dios.
Quitémonos diariamente la carga del pecado
Al pensar en todas las cosas malas que hice, viene el Espíritu de Dios a ayudarme en ese sentido. Parece que no quiere dejarme olvidar mis malos pensamientos.
Pensaba que podía pensar con libertad porque se supone que en mi mente solo estoy yo. Pero no es así.
Dios supo del deseo que tuve de que le fuera mal a la persona que "me hizo el mal". Dios sabe que miré a la chica que pasaba y di rienda suelta a mis pensamientos y a mis "repasos visuales".
Se me olvida que en mi mente siempre está Él.
¿Para andar solo acusándome por mis errores? No. Para librarme de las consecuencias de todos ellos.
Versículo para hoy
1 Juan 1:9 · NVI
«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo y nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad.»
La confesión del pecado trae la paz
Tuve que pedirle perdón por dos pecados específicos el otro día. Siempre que discutimos con Yasmith en el automóvil suelo acelerar el resto del camino porque así libero mi frustración. Pero también logro que ella se enoje más y se asuste.
Sé que eso le da miedo. Entonces mi carne siente una carga de adrenalina que me hace experimentar cierta satisfacción. Me libera un poco la presión y me permite "vengarme" de Yasmith.
¡Qué mal lo hago!
Ya sé que algunos pensarán: «¡Quién ve al pastorcito este y su mal genio!». Lo sé. A veces suelto palabras inadecuadas en la discusión, se me calienta mi pelada cabeza, aflojo la boca y digo lo que no corresponde.
Ya sé que el problema se va a solucionar ese mismo día porque tenemos por norma buscar resolverlo antes de acostarnos. Pasamos por ese bochornoso momento de hablar de lo sucedido y repartirnos las culpas. Casi siempre me corresponde la mayor parte del reparto.
Pero al día siguiente mi conversación principal sobre esos asuntos no es con Yasmith; es con Dios.
Esa conversación tiene dos etapas: primero debo hablarle con sinceridad; segundo, debo pedir perdón.
Luego viene lo que Él me dice: «Hoy pídele perdón a Yasmith y prométele que no lo volverás a hacer.»
La importancia de vivir confesando el pecado
Mis días son distintos desde que lo hago.
A veces es ella la que viene a pedirme perdón por lo que dijo, hizo u omitió hacer el día anterior. Parece que Dios trata con ella de la misma manera.
A veces la veo por allí, retirada con su taza de café y su Biblia, y me imagino lo que Dios le está diciendo.
Tómate un tiempo con Dios
Te recomiendo hacer lo mismo cada día. Te darás cuenta de cuán importante es confesar nuestros pecados diariamente.
Experimentarás una agradable sensación de libertad y, casi sin darte cuenta, poco a poco la relación matrimonial se irá fortaleciendo y cristalizando de una manera maravillosa.
Oración por perdón
Padre amado, perdón por lo que hago mal día a día. Perdón por lo que hice mal ayer.
Espíritu Santo, ayúdame a recordar cada cosa que hice de manera indebida y hazme sentir el peso de mi arrepentimiento y la bendición del perdón.
Prometo que en el futuro no volveré, o por lo menos intentaré no volver a cometer el mismo error.
Dame la fuerza de voluntad que necesito para pedirle perdón a la persona que con mis actos ofendí.
No me permitas andar por la vida con esa horrible carga de fallar, ofender y no pedir perdón.
Jesús, necesito de la paz que sobrepasa todo entendimiento, esa que prometes si creemos en Ti y en Tu Palabra.
Oro en el nombre de Jesús y me dispongo a empezar este día con la libertad y tranquilidad que me da la confesión de mi pecado.
Amén.