"Dale alguna palabra, algún consejo a mi esposa que está deprimida porque nuestro hijo mayor se casa y abandona nuestro hogar luego de 25 años", así me dijo un hombre que no hallaba qué hacer ante la congoja de su esposa.
Era cierto. Los gimoteos de la doña eran considerables. Solo faltaban dos días para entregar a su "pequeñuelo" de veinticinco años en el altar y ella ya veía venir un mundo de ausencias y soledades en su existencia.
Los fantasmas de la edad aparecen
No soy bueno para consolar, mucho menos a mujeres ya casadas, adultas y que se supone manejan muy bien las diferentes etapas que plantea la vida.
Poco consuelo, pero sí mucha sensatez en las conversaciones, suelen ser las tácticas que uso para alentar a esos corazones que necesitan orientación para seguir viviendo.
"No te preocupes porque se lo lleve otra...", fueron mis primeras palabras que, lejos de ahuyentar la tristeza, le acomodaron un par de lagrimones más.
Entonces me apresuré a terminar mi consejo antes de que la señora cayera en un ahogamiento de lágrimas mayor:
"Si no se va y si no se lo lleva 'la otra', el muchacho no te va a traer nietos".
Ahí le di la estocada final a su tristeza, que pareció emanciparse de su agónico pensamiento.
Se secó las lágrimas y me miró como cuando a un empleado le aparece la señorita de pagaduría diciendo: "Ya le hicimos la transferencia".
La alegría comenzó a aparecer en su rostro. El color en sus cachetes, ausente durante varios días, regresó acompañado de la primera sonrisa en mucho tiempo.
"No había caído en cuenta de eso, pastor Ordóñez".
Yo me las di de experto consejero. Me acomodé en la silla intentando dar apariencia de sabio ancestral. Pero la verdad es que hacía años había tenido que pedirle a Dios sabiduría porque Yasmith, mi llorona por aquellos tiempos, había pasado exactamente por lo mismo con nuestra hija mayor.
Pues Tatiana nos ha traído cuatro nietos. Cada dos años aparece con uno nuevo y nos ha llenado la vida de alegría.
Porque la vida tiene esa clase de situaciones hermosas: si no se va uno, no llegan cuatro.
El ciclo de la vida es hermoso. Tiene dolores, pero precisamente eso lo hace hermoso, porque a Dios parece gustarle darte muchas alegrías por cada dolor que aparece.
Versículo para hoy
Proverbios 17:6 · NVI
"Corona de los ancianos son los nietos; orgullo de los hijos, sus padres."
Aparte de las coronas de vida que Dios quiere darte en la eternidad, también tiene coronas para esta existencia mortal que llenan de alegría los años cuando empezamos a ser "edición platino".
Entonces, ¿para qué seguir llorando por la persona que se fue?
Por cada ausencia, Dios está dispuesto a regalarte muchas presencias.
Solo debes sentarte a esperar que Su mano maravillosa cubra tu vida con esos detalles que quitan el sabor amargo de las despedidas y la llenan de nuevas personas, nuevos afectos y nuevas alegrías.
Oración por los nietos
Padre amado, a veces lloro por el ciclo de la vida y por las ausencias.
No me había dado cuenta de que Tú compensas mis tristezas con muchas alegrías.
Perdón por no valorarlas debidamente y gracias por todas ellas.
Gracias por las personas que se han ido de mi vida, porque en cada una de ellas dejé un pedacito de mi propia existencia.
Prometo no prolongar mi dolor más allá de lo necesario y preparar mi corazón para recibir a todas las personas que Tú traerás en las nuevas etapas de mi vida.
Enséñame a disfrutarlas, a reír con ellas, a abrazarlas y a valorar cada instante compartido.
No permitas que me vaya de esta vida sin haber disfrutado cada beso, cada abrazo y cada sonrisa que Tú preparaste para mí.
Seca mis lágrimas cuando este terco corazón quiera mirar únicamente hacia las pérdidas.
Quiero contemplar las alegrías que traen los nuevos tiempos y las nuevas personas que llegan con ellos.
Me dispongo a vivir este nuevo día con la felicidad de caminar contigo y con la esperanza de los mejores momentos que aún están por venir.
Hago esta oración en el nombre de Jesús.
Amén.