¿Conoce usted personas que se acuestan pensando a quién tienen que pagarle y se levantan preguntándose de dónde van a sacar la plata? ¿Personas que deben en varios lugares y que, además de cargar con las deudas, cargan con el miedo de que su familia se entere?
Quizá no necesita pensar en alguien más. Quizá usted está leyendo y diciendo: «José, ese soy yo. Mi esposa no sabe. Mi esposo no sabe. He intentado resolverlo por mi cuenta y cada vez estoy más metido».
Hoy quiero hablarle con seriedad, pero también con esperanza. Hay decisiones que necesitamos reconocer, hábitos que debemos corregir y conversaciones que no conviene seguir aplazando.
Y también quiero hablarle a quien presta. Porque en esta historia no solamente importa lo que hace el que recibe el dinero. Importa la manera como tratamos a una persona que está pasando necesidad.
La economía de una familia incluye mucho más que cuentas: allí también se expresan la confianza, la honestidad, el cuidado mutuo y nuestra manera de vivir la fe.
Los hábitos económicos que aprendimos en casa
Muchos llegamos a la vida adulta con las costumbres que vimos en nuestra familia. Así aprendimos a comprar, a pedir fiado, a guardar, a prestar o a gastar. Algunas de esas enseñanzas nos ayudan; otras necesitan ser revisadas.
Yo crecí viendo prácticas que me parecían normales. Fiar en la tienda, empeñar cosas para resolver una necesidad, ir saliendo como se pudiera. Cuando me casé, llevaba conmigo esa manera de entender la economía.
Yasmin lo cuenta con una frase: «Cuando yo me casé con José, él era un hombre de mucho empeño». La gente piensa: «Sí, se nota que es trabajador». Pero ella está diciendo que yo todo lo empeñaba.
A veces ella llegaba y faltaba algo porque yo lo había empeñado. En mi cabeza estaba resolviendo una necesidad inmediata. Pero una manera de resolver el día puede terminar convirtiéndose en una costumbre que mantiene a la familia dando vueltas sobre el mismo problema.
No cuento esto para hablar mal de nuestros padres. Necesitamos mirar la época que les tocó vivir y las herramientas que tuvieron. Reconocer lo que debemos cambiar no exige despreciar a quienes nos criaron.
También les confesé algo: a mí me cuesta prestar atención al dinero. No siempre sé cuánto hay ni llevo el detalle como debería. Gracias a Dios, me casé con una excelente administradora. Yasmin mira las cuentas, los precios, los descuentos y esos pequeños detalles que yo puedo pasar por alto.
En el devocional bromeaba diciendo que ella le pide rebaja hasta a un peaje. Yo, en cambio, recuerdo cuando fui vendedor ambulante y me pongo a pensar en el esfuerzo de la persona que está vendiendo.
La lección es aprender equilibrio. El dinero cuesta conseguirlo y necesita una administración cuidadosa. Al mismo tiempo, no podemos entregarle nuestro corazón.
1 Timoteo 6:10 — Reina-Valera 1909
«Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores».
El pasaje nos confronta con el amor al dinero. Administrarlo bien no significa adorarlo, y vivir desprendidos no significa desentendernos de nuestras responsabilidades.
Pregúntese qué aprendió en casa. ¿Se hablaba de lo que alcanzaba y de lo que no? ¿Se guardaba algo? ¿Se prometía pagar sin saber cómo? ¿Se compraban cosas para aparentar? Esa revisión puede ayudarle a identificar el hábito que necesita dejar de repetir.
La unidad del matrimonio también toca la economía
Cuando hablamos de matrimonio solemos pensar en amor, compañía y fidelidad. Pero a veces dejamos la economía por fuera de esa conversación, como si las decisiones con el dinero no afectaran nuestra unión.
Génesis 2:24 — Reina-Valera 1909
«Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne».
En nuestro matrimonio hemos aplicado ese principio procurando vivir la economía como una responsabilidad compartida. Lo que entra y lo que sale tiene que ver con los dos. Tenemos un proyecto de vida que necesita verdad, acuerdos y cuidado mutuo.
En el devocional lo llamé «fidelidad económica». Así como nos debemos fidelidad en otros aspectos, también necesitamos evitar las mentiras, los préstamos escondidos y los compromisos que afectan al hogar sin que el otro los conozca.
Si Yasmin ve un movimiento en la cuenta y me pregunta por él, debo poder explicarlo con tranquilidad. Preguntar no tendría por qué convertirse automáticamente en una pelea. También es parte de cuidar lo que nos corresponde administrar.
Una pareja puede distribuir tareas: uno hace ciertos pagos y el otro se encarga de otros. Lo importante es que esa distribución no se convierta en desconocimiento, engaño o abandono de las responsabilidades comunes.
El texto de Génesis habla de la unión matrimonial; no prescribe un producto bancario ni un número de cuentas. La aplicación que hago es esta: las decisiones que comprometen el bienestar de los dos necesitan transparencia y acuerdos entre los dos.
Esa rendición de cuentas debe ser recíproca y respetuosa. No es permiso para controlar mediante el dinero, humillar o privar a la pareja de lo necesario.
Si uno tiene más facilidad para administrar, puede aportar esa capacidad al hogar. Pero el otro también necesita conocer la situación y participar. Confiar no significa dejar de conversar.
Cuando las deudas se llevan a escondidas
Una de las situaciones más dolorosas que aparecen en consejería es descubrir que alguien lleva mucho tiempo viviendo una crisis económica que su cónyuge desconoce.
La persona tiene miedo de contar. Piensa que todavía puede arreglarlo sola. Pide otro préstamo, mueve dinero de un lugar a otro, promete una fecha nueva. Mientras tanto, aumenta tanto el problema económico como la dificultad de decir la verdad.
En el audio conté el caso de una mujer que administraba un dinero ahorrado con su esposo para la vivienda. Un hermano le pidió prestado y ella se lo entregó sin hablarlo con su marido. Él prometió devolverlo pronto.
Pasaron los meses, llegó el momento de usar el ahorro y el dinero no estaba. Ella estaba desesperada. Ya no enfrentaba solamente un faltante: también enfrentaba el daño a la confianza de un matrimonio que había trabajado para conseguir esos recursos.
Ayudar a un familiar puede nacer de un buen deseo. Pero una buena intención no elimina la responsabilidad de conversar antes de comprometer dinero que tiene un propósito compartido.
También mencioné situaciones en las que, por respaldar una obligación ajena, termina en riesgo un patrimonio familiar. Antes de asumir un compromiso de esa naturaleza, necesitamos entender sus consecuencias y reconocer a quiénes puede afectar.
Si hoy está ocultando una deuda, no le voy a decir que hablar será fácil. Puede haber dolor, enojo y una confianza que necesite reconstruirse. Pero seguir agregando secretos no repara lo que ya ocurrió.
Busque un espacio para explicar con claridad qué pasó, cuánto está comprometido y qué necesita atenderse. Evite contar solamente la parte menos difícil para ver cómo reacciona el otro. La verdad incompleta puede prolongar el problema.
Si teme violencia o amenazas al hablar de dinero, busque primero acompañamiento seguro. La transparencia matrimonial debe ayudar a enfrentar la situación, no poner a una persona en peligro.
El miedo a que su familia conozca la deuda puede estar impidiendo que usted reciba la ayuda que necesita para enfrentarla.
Abrir un hueco para tapar otro
En medio de este tema tan serio conté un chiste sobre el alcalde de un pueblo. Había un hueco en el parque y él tenía la solución: abrir otro al lado y usar esa tierra para tapar el primero.
Le preguntaron cómo iba a tapar el segundo. Muy sencillo: abriendo un tercero. Y así seguiría hasta sacar el hueco del pueblo.
Nos reímos porque sabemos que el hueco sigue ahí. Pero hay economías familiares que funcionan de una manera parecida.
Una deuda se vence y buscamos quién nos preste para pagarla. Después necesitamos otro préstamo para cubrir el anterior. El compromiso cambia de nombre, pero seguimos debiendo y podemos terminar pagando cada vez más.
El riesgo está en confundir unos días de alivio con una solución. Si no revisamos por qué estamos llegando a ese punto, cuánto cuesta lo que pedimos y cómo lo vamos a pagar, el siguiente hueco puede ser más grande.
Hay una diferencia entre estudiar una alternativa formal para reorganizar obligaciones y aceptar cualquier préstamo bajo la presión del momento. Esa decisión necesita revisar las condiciones completas y la capacidad real de pago.
La Superintendencia Financiera recomienda evaluar cómo se atenderá una nueva deuda y, cuando la situación económica impide cumplir, contactar a la entidad para explicar la dificultad. Esa conversación permite conocer las opciones disponibles; no garantiza que cualquier propuesta sea conveniente. Orientación sobre endeudamiento responsable.
Antes de comprometerse otra vez, necesita ver el panorama completo. Cuánto debe, a quién, qué cargos está pagando y con qué ingresos cuenta. Lo que no se quiere mirar sigue existiendo, aunque uno deje de abrir los mensajes.
En el devocional aclaré que pedir prestado no es, por sí mismo, pecado. Debemos examinar el motivo, la manera y la responsabilidad con que asumimos ese compromiso. También reconocer que hay necesidades urgentes y dificultades que una persona no eligió.
No toda deuda nace de la vanidad. Pero si estamos comprometiendo lo necesario para sostener apariencias, sí necesitamos detenernos y corregir el rumbo.
La necesidad del otro no es una oportunidad para abusar
Ahora quiero hablarle a quien tiene dinero para prestar. La urgencia de otra persona no debería convertirse en la oportunidad de imponerle condiciones que la hundan más.
Cuando alguien está desesperado por una necesidad, puede aceptar algo que no ha comprendido o que no podrá sostener. Quien presta también tiene responsabilidad sobre su manera de actuar.
En el audio hablé del gota a gota y de los intereses abusivos. Pero la pregunta también alcanza al conocido o al familiar que presta aprovechándose de que el otro no encuentra una salida. La cercanía no vuelve justa una condición injusta.
Como cristianos necesitamos examinar el corazón con el que hacemos negocios. ¿Me interesa ayudar a que esa persona pueda cumplir o estoy convirtiendo su desesperación en mi ganancia?
En Colombia la usura está tipificada como delito en el artículo 305 del Código Penal. El límite legal se relaciona con el interés bancario corriente certificado para el período y la modalidad correspondientes. No existe un único porcentaje fijo que pueda aplicarse a todos los préstamos en cualquier fecha. Por eso, antes de evaluar un cobro, hay que consultar la certificación pertinente y las condiciones de la operación. Código Penal, artículo 305 y certificación de la Superintendencia Financiera: ejemplo de publicación por modalidades y vigencias.
Si no entiende los intereses o lo que está firmando, pida que se lo expliquen y busque orientación antes de comprometerse. Un nombre amable o una promesa de desembolso rápido no sustituyen unas condiciones claras.
Y si hay amenazas o peligro, busque protección y apoyo de las autoridades. Tener una deuda no obliga a soportar violencia.
La deuda no borra la dignidad de una persona
Yo también he pasado por crisis económicas. En el devocional recordé una de las más difíciles, a finales de los años noventa, cuando perdí mucho de lo que había construido y me encontré sin capacidad para responder como antes.
Recuerdo llegar al conjunto residencial y encontrar mi nombre en una lista de deudores. Ahí estaba, arriba. Yo intentaba ponerle humor a la situación diciendo que por lo menos era cabeza y no cola.
Pero detrás del chiste había dolor. En tiempos anteriores había podido aportar, ayudar y hacer cosas por ese lugar. Cuando llegó la dificultad, sentía que solamente se veía lo que ahora debía.
Conté ese recuerdo porque una persona puede pasar de tener a no tener. Y en ese cambio necesita responder por sus compromisos, pero también necesita ser tratada como un ser humano.
El acreedor tiene derechos. El deudor también conserva su dignidad. Cobrar no debería convertirse en una oportunidad para humillar ni para disfrutar el sufrimiento de alguien.
En Colombia, la Ley 2300 de 2023 establece medidas para proteger la intimidad de los consumidores en las gestiones de cobranza y exige un trato respetuoso. Los canales, horarios y demás condiciones deben revisarse en la norma según el caso. Conocer esos derechos no elimina la obligación de atender la deuda. Consultar la Ley 2300 de 2023.
Si usted debe, hable con verdad. Si puede pagar, cumpla. Si está atravesando una imposibilidad real, explíquela y busque orientación para enfrentarla. Y si le deben, recuerde que detrás del saldo puede haber una familia pasando un tiempo muy difícil.
Una economía que también tenga compasión
Hacia el final del mensaje conté la conversación que tuve, después de una predicación, con una abogada. Ella me habló de un hombre al que había cobrado con dureza en una época de mucha dificultad.
Yo conocía a ese hombre y recordaba su situación. Incluso había tenido la oportunidad de darle trabajo para ayudarlo a recuperarse. La mujer me contó que, al llevar el proceso de cobro, había ido más allá de lo que le habían pedido y que actuó sin compasión.
Años después atravesó sus propias dificultades. Al buscar ayuda espiritual, examinó lo que había hecho y llegó a pedir perdón a Dios y al hombre al que había tratado con tanta severidad.
Ella interpretaba su historia como una corrección de Dios. Lo que quiero recoger aquí es el examen de conciencia que hizo: reconoció que la dureza y el deseo de arrasar con el otro habían gobernado su conducta. No necesitamos convertir cada crisis económica en una sentencia sobre la vida espiritual de quien la sufre para escuchar esa advertencia.
En el audio hice una distinción importante: hay personas que engañan, se aprovechan de la buena voluntad ajena o se niegan a cumplir pudiendo hacerlo. También hay personas que quieren responder, pero atraviesan una dificultad real. No tratemos todos los casos como si fueran iguales.
Podemos reclamar lo justo sin perder el corazón. Podemos escuchar, considerar las circunstancias y buscar una manera responsable de tratar a quien está en necesidad.
Proverbios 19:17 — Reina-Valera 1909
«A Jehová empresta el que da al pobre, Y él le dará su paga».
La generosidad tiene valor delante de Dios. La persona necesitada no es invisible para él, y nuestra manera de tratarla tampoco.
En este devocional recordé a mi abuela Bernarda y a mi suegra, María Elia. Personas de quienes guardo recuerdos de generosidad, de comida compartida, de puertas abiertas y de atención al que llegaba.
Esas huellas permanecen en una familia. Por eso necesitamos pensar qué estamos enseñando con nuestra manera de manejar el dinero. Nuestros hijos ven cuando cumplimos, cuando ayudamos, cuando mentimos y cuando usamos la necesidad de alguien para sacar ventaja.
¿Qué historia económica estamos dejando detrás de nosotros? ¿Una historia de engaños que otros tendrán que enfrentar o un ejemplo de honestidad, prudencia y compasión?
La manera como maneja el dinero también está enseñándoles a sus hijos cómo tratar a las personas.
Pasar de escuchar a comenzar a actuar
En consejería solemos asignar tareas. Porque una conversación puede ayudar mucho, pero necesita continuar en decisiones concretas cuando termina la reunión.
Lo mismo ocurre con este devocional. No quisiera que usted dijera solamente: «Qué buen mensaje». Quisiera que identificara algo que debe comenzar a atender.
Estas son algunas aplicaciones para dar ese primer paso:
- Ponga la situación por escrito. Reúna los saldos, los compromisos y las fechas. Aclare lo que no entiende. Necesita conocer la realidad que está tratando de resolver.
- Revise qué está sosteniendo el problema. Puede haber gastos que necesitan cambiar, compromisos asumidos sin medir sus consecuencias o una dificultad de ingresos que requiere otro tipo de ayuda. Evite reducir todos los casos a la misma causa.
- Hable con quien comparte la responsabilidad del hogar. Si ha ocultado información, reconózcalo. Procuren acuerdos claros para que ambos conozcan las decisiones que afectan a la familia.
- Busque orientación antes de asumir un nuevo compromiso. Entienda el costo y cómo se pagaría. Si no puede cumplir una obligación con una entidad, comuníquese para conocer las alternativas y sus condiciones.
- Acepte acompañamiento y cumpla las tareas acordadas. La consejería pastoral puede ayudar con la vergüenza, los hábitos y la relación familiar; las condiciones de un crédito o un proceso de cobro requieren también orientación financiera o jurídica adecuada.
- Examine su conducta si usted es quien presta. Revise si está siendo claro, justo y respetuoso. Escuche las circunstancias de la otra persona y corrija cualquier forma de abuso.
No le estoy prometiendo que todo quedará resuelto mañana. Una situación que se acumuló durante tiempo puede necesitar trabajo sostenido. Pero comenzar a mirarla con verdad es un paso distinto a seguir escondiéndola.
Yo he usado una expresión que puede sonar extraña: «Bellos momentos difíciles». No porque la angustia sea agradable, sino porque una etapa dolorosa puede llevarnos a buscar a Dios, reconocer nuestros límites y aceptar la ayuda que antes rechazábamos.
Hoy puede acercarse al Señor con su preocupación y decirle: «Necesito sabiduría. Necesito cambiar. Necesito valor para hablar y humildad para aprender».
Si hubo engaño, arrepiéntase y empiece a reparar. Si hubo descuido, asuma la responsabilidad de corregirlo. Si está pasando una dificultad que no buscó, permita que alguien lo acompañe a enfrentarla. Su situación merece ser atendida; no tiene que cargarla en silencio.
La oración y la acción pueden caminar juntas. Pedir dirección a Dios también implica disponernos a obedecer, aprender y cumplir lo que corresponde.
Antes de buscar quién le presta otra vez, pregúntese: ¿qué verdad necesito reconocer y qué decisión necesito cambiar para dejar de agrandar este problema?
Oración por quienes están agobiados por las deudas
Señor Jesús, hoy ponemos delante de ti nuestras preocupaciones económicas. Tú conoces lo que debemos, lo que tememos y las conversaciones que hemos estado evitando.
Danos valor para vivir en la verdad. Perdónanos cuando hemos mentido, actuado con descuido o comprometido a nuestra familia sin escucharla. Ayúdanos a reconocer lo que necesitamos corregir y a comenzar a repararlo.
Concédenos sabiduría para administrar, aprender y buscar la ayuda adecuada. Fortalece a quienes atraviesan una dificultad real y abre caminos para que puedan atender sus necesidades y responsabilidades.
Cuida nuestros matrimonios. Enséñanos a conversar con respeto, a rendir cuentas con honestidad y a trabajar juntos frente a los problemas.
Y si tenemos la posibilidad de prestar o ayudar, guarda nuestro corazón de la codicia y de la dureza. Que no usemos la necesidad de otra persona para aprovecharnos de ella. Danos justicia y compasión.
Acompáñanos en los pasos que debemos dar. Que nuestra fe se refleje en decisiones responsables y en el cuidado de quienes nos rodean. En tu nombre, Jesús. Amén.
Textos bíblicos: Reina-Valera 1909, de dominio público. La oración y los pasos de aplicación son una adaptación editorial del devocional. Las referencias legales y financieras enlazadas complementan el mensaje para Colombia y deben consultarse según la situación y la vigencia aplicables.
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