Mis dos cicatrices. Devocional.

¿Cuántas cicatrices importantes llevas en tu cuerpo? No hablo de pequeños rasguños o heridas pasajeras, sino de esas marcas que quedaron para siempre después de un accidente o un momento muy doloroso. Hoy quiero contarte la historia de mis dos cicatrices y la gran lección espiritual que Dios me enseñó a través de ellas.

Casi quedo cojo en un accidente de infancia

Cicatriz de mi pierna izquierda
Cicatriz de mi pierna izquierda.

Tenía apenas seis años cuando un resbaladero metálico me produjo un enorme corte en la pierna izquierda. Estuve a punto de perder la extremidad.

Casi recuerdo más el dolor de la improvisada cirugía que el del accidente. En aquel pequeño centro de salud los practicantes cosieron la herida casi sin anestesia y dejaron una enorme cicatriz en forma de cruz que aún conservo.

No tuve la culpa de ese accidente. Solo era un niño que quería jugar.

Quizá tú también llevas cicatrices físicas que nunca buscaste: una caída, una quemadura, la mordida de un perro o cualquier otro accidente que marcó tu cuerpo para siempre.

Mi segunda cicatriz: la de la cabeza

Mi cicatriz en la cabeza
Mi cicatriz en la cabeza.

Esta sí fue completamente culpa mía.

Por testarudo decidí bajar una escalera de tres metros cargando una enorme caja, sin sujetarme correctamente. La caída terminó con una herida de ocho centímetros en la cabeza, una muñeca lesionada y dolores de espalda que aún aparecen de vez en cuando.

Los médicos cerraron la herida con grapas metálicas. Como en mi infancia, dolió más el proceso de limpieza y sutura que el golpe mismo.

Pero aprendí algo muy importante: las heridas deben cerrarse pronto para evitar complicaciones mayores.

Las cicatrices de las heridas que no causamos

En la vida llevamos dos clases de heridas.

Unas nos las provocan otros. Otras son consecuencia de nuestras propias decisiones equivocadas.

Las heridas del cuerpo suelen recibir atención inmediata, pero las del alma muchas veces permanecen abiertas durante años.

Las heridas del alma que nunca cicatrizan

Conozco personas que aún viven con el dolor de un duelo, una traición, un fracaso matrimonial o una decepción que jamás llevaron delante de Dios.

Otros sufren heridas que ellos mismos provocaron: malas decisiones, negocios equivocados, relaciones destructivas o actos de desobediencia.

Sea cual sea el origen de la herida, Dios no quiere que permanezca abierta toda la vida.

Jesús quiere cicatrizar las heridas de tu alma

No importa si alguien te hirió o si tú mismo provocaste ese dolor.

Jesucristo llevó nuestros sufrimientos a la cruz para ofrecernos restauración. Él no solamente perdona el pecado; también sana el corazón quebrantado.

Una cicatriz es la evidencia de que una herida sanó.

Muchas personas siguen viviendo con heridas abiertas que se infectan con el resentimiento, la culpa o la amargura. Jesús quiere comenzar hoy mismo el proceso de sanidad.

3 versículos para sanar heridas

Salmos 147:3 · NVI

«Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.»

Jeremías 30:17 · NVI

«Pero yo te devolveré la salud y sanaré tus heridas...»

Éxodo 15:26 · NVI

«...Yo soy el Señor, tu sanador.»

Conclusión

No permitas que el paso del tiempo convierta una herida del alma en una infección espiritual.

Acércate a Jesús. Él quiere vendar tus heridas, sanar tu corazón y convertir ese dolor en una cicatriz que dé testimonio de Su gracia.

Mensaje acerca de las heridas

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