¿Cuánta energía le están quitando las deudas? Tal vez antes dormía tranquilo y ahora se acuesta haciendo cuentas. Se levanta pensando en una cuota, en una llamada, en un compromiso que no sabe cómo cumplir. Trabaja, trabaja y trabaja, pero siente que sigue en el mismo lugar.
Es como estar en una trotadora: hace ejercicio, se cansa y no avanza. Y, a veces, lo más pesado de todo es que está viviendo esa angustia solo. Su esposa no sabe. Su esposo no sabe. Nadie conoce realmente cuánto debe.
Hoy quiero que pasemos de la preocupación a las decisiones. No basta con decir: «Estoy muy endeudado». Necesitamos reconocer qué está ocurriendo, aceptar acompañamiento y comenzar a actuar.
Yo también he pasado por crisis económicas. En el devocional conté que me he quebrado cuatro veces y que hubo momentos en los que ni para comer tenía. Por eso no le hablo como alguien que nunca ha conocido esa angustia. He tenido que aprender, corregir y hacerme responsable de mis errores.
No todas las deudas nacen de la misma causa. Hay dificultades que llegan por pérdida de ingresos y otras circunstancias que no escogimos. También hay decisiones imprudentes, gastos por vanidad, secretos y orgullo que necesitamos reconocer. La idea es mirar nuestra situación con verdad.
1. No cargue solo con el problema
El primer paso puede ser el más difícil: contar la verdad.
Quizá durante años usted dijo: «Es mi plata, son mis negocios, son mis asuntos». Quiso manejarlo todo sin permitir que su pareja conociera lo que estaba pasando. Ahora está en dificultades y le da vergüenza hablar.
Entonces esta conversación también puede ser una oportunidad para pedir perdón. No solamente por una deuda, sino por haber ocultado información, por haber humillado al otro cuando las cosas iban bien o por haber tratado su opinión como si no valiera.
Pregúntele al Señor qué necesita reconocer. Si hubo orgullo, reconózcalo. Si hubo engaño, confiéselo. La dificultad puede convertirse en una ocasión para examinar el corazón, sin que tengamos que afirmar que toda crisis económica es un castigo de Dios.
Gálatas 6:2 — Reina-Valera 1909
«Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo».
Esta exhortación a la comunidad cristiana también nos invita a ayudarnos dentro del matrimonio. Usted puede decir: «Necesito contarte lo que está pasando. Fallé al ocultarlo. Entiendo que te duela y quiero pedirte perdón. Estas son las deudas y estos son los riesgos que tenemos».
Acompañarse no significa trasladarle automáticamente al cónyuge una obligación legal ni exigirle que resuelva lo que usted hizo. Significa enfrentar con honestidad aquello que afecta la vida compartida y buscar juntos una respuesta responsable.
Y si usted es quien escucha la confesión, tenga paciencia. Puede expresar el dolor y pedir explicaciones, pero procure que la conversación sirva para entender y actuar. La persona necesita hacerse responsable; humillarla no organiza las cuentas.
En mi matrimonio, Yasmin aporta algo que yo necesito muchísimo: una administración cuidadosa. Ella sabe dónde va cada peso. Yo puedo perder de vista esos detalles; ella los organiza. Cuando me pregunta por un gasto, no tengo por qué sentirme atacado.
También nos toca encontrar equilibrio. Ni gastar sin pensar ni vivir tan amarrados que no podamos disfrutar nada. En el audio bromeé con quienes esperan una promoción de ataúdes para morirse. El humor nos ayuda a reconocer los extremos, pero el asunto de fondo es serio: necesitamos aprender a conversar y a administrar.
Si no está casado, busque una persona confiable que pueda acompañarlo sin aprovecharse de su situación. Y si contar lo que ocurre puede exponerlo a violencia o amenazas, busque primero ayuda para hacerlo de manera segura.
2. Escriba todas sus deudas
Hay personas que saben que deben mucho, pero no saben cuánto. Le deben al banco, a un familiar, a la cooperativa, a un vecino. Tienen cuotas por aquí y por allá, pero nunca han reunido toda la información.
¿Cómo va a organizar una salida si no conoce lo que necesita atender?
Proverbios 27:23 — Reina-Valera 1909
«Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; Pon tu corazón á tus rebaños».
El proverbio habla del cuidado de los rebaños en una economía donde estos representaban recursos y sustento. La aplicación a nuestras cuentas es la diligencia: conocer lo que tenemos, lo que debemos y el estado real de aquello que administramos.
En el devocional recordé cuando mi mamá me mandaba a pedir fiado en la tienda. El señor anotaba, pero nosotros no siempre revisábamos cuánto iba sumando. Después llegaba una lista larga y era difícil saber si todo correspondía. Ese recuerdo me sirve para insistir: lleve sus propias cuentas y compruébelas.
Tome una hoja o una tabla y registre, para cada obligación:
- A quién le debe y cuál es el saldo actualizado.
- Cuánto paga de cuota y en qué fecha vence.
- Qué tasa de interés tiene y si está expresada por mes o por año.
- Qué cargos adicionales aparecen y cuáles necesita aclarar.
- Si hay mora, garantías, fiadores o algún proceso de cobro.
Reúna extractos, recibos y acuerdos. Cuando no sepa un dato, márquelo como pendiente de verificar. No complete los vacíos con lo que cree recordar.
Conté el chiste de Pablo Remalas, que se ganó una fortuna y dijo que la usaría para pagar deudas. Le preguntaron: «¿Y el resto?». Contestó: «El resto, que se espere».
Nos reímos, pero hay personas que ya perdieron la noción de lo que deben. Ponerlo por escrito ayuda a dejar de pelear con una preocupación indefinida y comenzar a atender compromisos concretos.
Después mire también los ingresos y los gastos necesarios de su hogar. Esa información le permitirá buscar un plan que tenga relación con su realidad, no con lo que quisiera poder prometer.
3. Deje de abrir huecos para tapar otros
Un préstamo se vence y aparece alguien dispuesto a prestarle para pagarlo. Usted siente alivio porque resolvió la urgencia. Pero ahora debe en otro lugar, quizá con condiciones mucho peores.
Así se forma una cadena. El dinero entra, sale de inmediato y deja una nueva obligación. Si no cambia lo que sostiene ese ciclo, cada vez puede resultar más difícil detenerlo.
La advertencia del devocional es especialmente clara frente al gota a gota: no intente resolver una deuda recurriendo a un préstamo abusivo que aumente el costo y ponga en riesgo su tranquilidad o su seguridad.
Eso es distinto de estudiar una reorganización formal. Una compra de cartera o una consolidación exige revisar condiciones completas: tasa, plazo, cargos, garantías y total a pagar. Una cuota menor puede deberse a que pagará durante más tiempo; por sí sola no demuestra que la opción sea más barata. Esta precisión coincide con las advertencias del CFPB sobre consolidación de deudas.
Antes de aceptar otro compromiso, deténgase. Hable con quien lo acompaña, entienda lo que está firmando y revise si podrá sostener los pagos. El alivio de hoy necesita ser compatible con la vida de los próximos meses.
4. Organice las prioridades de pago
En el audio propuse mirar cuál deuda está resultando más costosa por sus intereses. A veces no es la de mayor saldo, pero sí la que más dificulta avanzar.
También mencioné la alternativa de comenzar por obligaciones pequeñas. Terminar de pagar una puede darle ánimo para continuar. Son dos criterios diferentes que conviene entender.
Como orientación financiera complementaria, el CFPB distingue el método de mayor tasa de interés, que busca reducir el costo, y el de saldos pequeños, que permite ver obligaciones canceladas más pronto. Cuando hay capacidad para cubrir los pagos requeridos, el dinero adicional se concentra en la deuda elegida, manteniendo los pagos de las demás. Consultar ambas estrategias.
Pero si no alcanza para cubrir las necesidades básicas y los compromisos, hace falta revisar la situación con orientación profesional. No se trata de destinar todo a un acreedor y dejar a la familia sin comida o abandonar otras obligaciones sin medir las consecuencias.
Y si hay amenazas, la prioridad inmediata es proteger la vida y buscar ayuda de las autoridades. Una exigencia extorsiva no se resuelve aplicando mecánicamente una estrategia de intereses. Al final encontrará los contactos correspondientes.
La idea es que usted deje de pagar solamente según quién lo presiona más y comience a organizar una respuesta informada, posible y segura.
5. Dé la cara y proponga algo que pueda cumplir
Una de las cosas que vamos aprendiendo en la vida cristiana es a decir: «Me equivoqué. Fallé. Perdóname».
A veces esas palabras cuestan más que todo un discurso. Pero cuando el carácter comienza a cambiar, también cambia nuestra manera de responder por lo que hacemos.
Si incumplió una obligación legítima, no desaparezca. Busque un canal adecuado para comunicarse. Puede decir: «No pude cumplir en la fecha que acordamos. Lamento el perjuicio. Esta es mi situación y esta es la propuesta que puedo presentar».
Lleve algo concreto. No prometa una fecha solamente para que dejen de llamarlo. Explique lo que puede ofrecer y busque que cualquier acuerdo quede claro y documentado, sin aceptar cargos que no entiende o cobros ilegales.
Proverbios 6:3–4 — Reina-Valera 1909
«Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, Ya que has caído en la mano de tu prójimo: Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo. No des sueño á tus ojos, Ni á tus párpados adormecimiento».
El contexto de este pasaje es el compromiso de quien ha salido fiador. En el devocional lo apliqué al llamado a actuar con humildad y diligencia frente a una obligación que nos compromete. No dejar que la vergüenza nos mantenga inmóviles.
Quizá usted ya imaginó la reacción del acreedor y por eso no se comunica. Puede encontrar comprensión; también puede encontrar enojo. No podemos garantizar cómo responderá la otra persona. Sí podemos procurar actuar con honestidad.
Conté una experiencia mía: hablé de una manera que no debía y después tuve que buscar a la persona para pedirle perdón. La conversación fue incómoda. Pero mi responsabilidad era reconocer lo que había hecho, aunque pedir disculpas no produjera la respuesta que yo esperaba.
Eso tampoco significa aceptar maltrato o ponerse en peligro. Dar la cara ante una obligación legítima puede hacerse por un medio seguro o con acompañamiento. Si hay amenazas, extorsión o riesgo de violencia, no se reúna solo con el agresor: busque orientación del GAULA.
La vergüenza no paga una deuda. La verdad permite comenzar a enfrentarla.
6. Mire qué tiene en casa
La siguiente pregunta es sencilla: ¿qué tiene usted que podría ayudarlo a comenzar?
2 Reyes 4:2 — Reina-Valera 1909
«Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite».
El relato presenta a una viuda angustiada por un acreedor y narra la provisión milagrosa de Dios. No es una fórmula que garantice que nuestros bienes se multiplicarán. En el devocional tomé la pregunta de Eliseo para invitarlo a mirar los recursos que ya tiene a su alcance.
Puede haber objetos guardados que no utiliza: una cámara, un micrófono, algún mueble o una colección. Quizá una venta de cosas prescindibles permita reunir dinero para una parte del plan.
En el audio lo dije con humor: el equipo que el abuelo necesita para respirar no se vende. El ejemplo marca un límite importante. Revise lo que realmente puede dejar ir sin afectar la salud, las necesidades esenciales o las herramientas con las que produce sus ingresos.
Si el bien pertenece también a otra persona, necesita acordarlo con ella. Y si está embargado, dado en garantía o vinculado a un proceso de insolvencia, consulte antes de disponer de él.
También puede preguntarse qué sabe hacer y qué posibilidad real tiene de generar ingresos con los recursos disponibles. La prudencia sigue siendo necesaria: no convierta el deseo de salir de una deuda en otro negocio improvisado que lo endeude más.
7. Conozca las ayudas legales disponibles
Hay momentos en los que una persona ya puso las cuentas sobre la mesa y descubre que, aun haciendo esfuerzos, no puede responder como antes. Buscar orientación jurídica puede ser parte de la solución.
En el devocional hablé del régimen de insolvencia de persona natural en Colombia. Aquí encontrará una orientación general y enlaces oficiales para revisar su caso con un profesional. Los requisitos, costos y efectos dependen de la situación concreta.
¿Cuándo conviene consultar por insolvencia?
La Ley 2445 de 2025 contempla, entre otros supuestos, incumplir dos o más obligaciones con dos o más acreedores durante más de 90 días, o enfrentar dos o más procedimientos de cobro previstos en la norma. Las obligaciones deben representar al menos el 30 % del pasivo, con reglas especiales para libranzas y descuentos de nómina. Un asesor debe verificar el cálculo y si usted está comprendido en el régimen.
Las protecciones empiezan con la aceptación de la solicitud, no simplemente por pedir información. Comprenden suspensión de determinados cobros y descuentos, con excepciones como las obligaciones alimentarias, y protección de servicios públicos frente a deudas anteriores a la aceptación. Los consumos posteriores deben atenderse. El procedimiento no borra automáticamente las deudas.
La norma establece gratuidad en centros de conciliación de consultorios jurídicos y entidades públicas, pero pueden existir expensas a cargo del solicitante. Confirme autorización, disponibilidad y costos antes de iniciar. Consultar la Ley 2445 de 2025, especialmente los artículos 7, 9 y 16.
Para empezar, puede acudir a la Personería, la Defensoría del Pueblo o un consultorio jurídico universitario y pedir orientación. Prepare su lista de acreedores, documentos de las deudas, ingresos, gastos familiares y bienes. No oculte información para intentar encajar en un procedimiento. Guía del Ministerio de Justicia.
También existen límites a la manera de cobrar
La Ley 2300 de 2023 exige trato respetuoso y contacto por canales autorizados. El horario general es de lunes a viernes, de 7:00 a. m. a 7:00 p. m., y sábados, de 8:00 a. m. a 3:00 p. m.; excluye domingos y festivos. La ley contempla autorización expresa del consumidor para otros horarios bajo condiciones específicas.
Una vez establecido contacto directo, limita el uso de varios canales durante la misma semana y los contactos a más de uno por día. Prohíbe contactar referencias personales; el avalista, codeudor o deudor solidario tiene una condición distinta y puede ser contactado conforme a la ley. Consultar los artículos 2 a 4 de la Ley 2300.
¿El reporte negativo permanece para siempre?
No. La SIC explica que la permanencia general corresponde al doble del tiempo de mora, con máximo de cuatro años desde el pago de las cuotas vencidas o la extinción de la obligación. También señala una caducidad de ocho años desde que la obligación entra en mora. Debe revisarse el caso concreto; eliminar un dato negativo no equivale, por sí mismo, a extinguir la deuda. Información oficial de la SIC.
Conocer estas herramientas puede ayudarlo a actuar. La fe y la búsqueda de orientación no tienen por qué caminar separadas. Ore, pida acompañamiento y averigüe qué procedimiento corresponde a su situación.
8. Aprenda para no repetir el mismo camino
Salir de una deuda es importante. Aprender a no repetir las decisiones que lo llevaron allí también lo es.
En el audio recordé mis propias crisis y hablé de esos «bellos momentos difíciles». No porque la angustia sea agradable, sino porque hubo aprendizajes que tuve que recibir cuando mis planes dejaron de funcionar.
Lucas 14:28 — Reina-Valera 1909
«Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?».
Jesús utiliza esta ilustración al hablar del costo de ser su discípulo. Al aplicarla a la economía, recojo la prudencia de sentarse a calcular antes de comenzar, sin reducir el sentido del pasaje a una técnica financiera.
Yo he tenido que aprender a hacer números, orar y consultar. Hablar con Yasmin me ayuda a ver cosas que no había considerado. La conversación necesita disposición para escuchar; contar un proyecto cuando ya no acepto ninguna observación sirve de poco.
En el devocional puse un ejemplo: vender ruanas de lana en las playas de Cartagena. Uno puede estar emocionadísimo con su idea y necesitar que alguien lo ayude a ver lo que no está pensando.
Y cuando me equivoco, tengo que reconocerlo. Pedir perdón, trabajar para reparar lo perdido y revisar cómo financiaría un intento futuro sin volver a comprometer imprudentemente los recursos de la casa. No basta con entusiasmarse de nuevo.
¿Qué aprendió usted? ¿Que necesita ahorrar antes de ciertos proyectos? ¿Que debe entender mejor lo que firma? ¿Que no puede ocultar compromisos? ¿Que necesita escuchar a su pareja? Procure que esa lección se convierta en una práctica que permanezca cuando vuelva a tener tranquilidad.
La ñapa: cuidado con servir de fiador
Al final del mensaje añadí una advertencia: tenga mucho cuidado con comprometerse por las deudas de otros.
Proverbios 22:26–27 — Reina-Valera 1909
«No estés entre los que tocan la mano, Entre los que fían por deudas. Si no tuvieres para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?».
El proverbio pone delante de nosotros el riesgo de comprometer incluso lo necesario para vivir. No trate una firma como si fuera solamente un gesto de amistad. Necesita entender qué responsabilidad está asumiendo y qué ocurriría si la otra persona no paga.
Yasmin y yo hicimos un acuerdo: no servir de fiadores. Es una decisión que tomamos para cuidar nuestra economía y nuestras relaciones. Cuando podemos ayudar, preferimos considerar un aporte que esté dentro de nuestras posibilidades.
Ayudar a un familiar no debería convertirse en una decisión escondida que comprometa el patrimonio del hogar. Antes de decir que sí por presión, por pena o por gratitud, piense en las consecuencias y converse con quienes pueden verse afectados.
Si ya firmó, este consejo no elimina el compromiso adquirido. Busque orientación para entender su alcance y las opciones que tiene.
Líneas de ayuda en Colombia
Información complementaria verificada para este artículo el 11 de octubre de 2026. Cada entidad atiende según sus competencias.
- Amenazas o extorsión: GAULA, 165. Solicite orientación y conserve las pruebas sin ponerse en riesgo. Información oficial.
- Peligro inmediato: 123. Línea nacional de emergencias. Consultar el servicio.
- Superintendencia de Industria y Comercio: 01 8000 910165. Para orientación en protección de datos y asuntos de consumo de su competencia, incluidos posibles abusos relacionados con aplicaciones de préstamos. Canales de atención.
- Superintendencia Financiera: 01 8000 120100. Para orientación y quejas relacionadas con entidades bajo su vigilancia; no todo prestamista está vigilado por esta Superintendencia. Canales de atención.
- Apoyo emocional: 106. El Ministerio de Salud informa que brinda orientación gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Línea 106 y directorio territorial.
Si la angustia lo está llevando a pensar en hacerse daño, busque compañía y ayuda inmediata. Ante riesgo inminente, llame al 123 o acuda a urgencias. Su vida merece protección y acompañamiento.
Empiece con una decisión concreta
No quisiera que al terminar usted dijera solamente: «Qué buen devocional». Quisiera que identificara el paso que ha estado aplazando.
Quizá hoy necesita hablar con su esposo o con su esposa. Quizá necesita sentarse con los extractos y hacer la lista. Quizá debe comunicarse con un acreedor legítimo, pedir asesoría o reconocer que ya no puede seguir resolviendo todo a escondidas.
Y también puede acercarse a Dios con su angustia. En el audio recordé esta invitación que el Señor hizo a Jeremías:
Jeremías 33:3 — Reina-Valera 1909
«Clama á mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes».
El pasaje pertenece al mensaje de Dios al profeta en medio de una situación difícil para su pueblo. Lo recordamos como una invitación a buscar al Señor, sin convertirlo en una promesa de cancelación inmediata de nuestras deudas.
Pídale sabiduría, humildad y perseverancia. Acepte la ayuda que necesita y dé los pasos que corresponden. No tiene que resolver toda su vida esta tarde, pero sí puede comenzar a dejar de esconder lo que necesita atención.
Si mañana apareciera el dinero para pagar todas sus deudas, ¿sus hábitos habrían cambiado lo suficiente para no volver al mismo lugar?
Una oración para acompañar este proceso
Señor, tú conoces nuestras preocupaciones y las decisiones que nos cuesta reconocer. Danos humildad para hablar con verdad, pedir perdón cuando hemos fallado y aceptar acompañamiento.
Ayúdanos a ordenar nuestras cuentas, comprender nuestras obligaciones y buscar la orientación adecuada. Guarda a quienes están sufriendo amenazas y sostén a quienes han perdido la esperanza.
Enséñanos a escuchar dentro de nuestra familia, a actuar con prudencia y a cumplir lo que podamos acordar responsablemente. Que aprendamos de esta etapa y perseveremos en los cambios que necesitamos hacer. En el nombre de Jesús. Amén.
Ayúdenos a continuar compartiendo estos devocionales
Si esta enseñanza ha sido útil para usted y su familia, puede apoyar la producción de nuevos contenidos cristianos.
Quizá quiera escuchar ¿Cómo salir de deudas? en formato podcast